Son muchos los desamores con los que podemos tropezar a lo largo de nuestra vida y todos, vengan de donde vengan, harán temblar de alguna forma los cimientos en los que nos sustentamos. Pero los más sangrientos, los que nos pueden derribar, son aquellos que nunca no llegan a entender. El amor no necesita comprensión, cuando llega reina, se acepta sin más, forma parte de nosotras y nos fortalece con alegría y la felicidad. Es el mejor material que se puede hacer servir para construir las células y las mentes de los niños, y a partir de allí ir elevando el edificio personal, con solidez, con seguridad. En cambio cuesta mucho comprender el desamor, por esto, una vez se ha instalado a nuestro lado, como un demonio ajeno a nuestra naturaleza, le damos vueltas y vueltas en la centrifugadora de nuestro cerebro para adivinar qué es lo que ha pasado.

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